7 jun. 2017

016_BLADE RUNNER IN THE SHELL: RECUPERACION DE LA VISION ASIATICA EN LA CIENCIA FICCIÓN

A pesar de la evolución de los medios digitales a la hora de construir entornos arquitectónicos verosímiles, se sigue recurriendo a localizaciones reales para implementar en los filmes una atmosfera urbana concreta. En estos casos, la ciudad forma parte del reparto interpretando un papel en la ficción.
Cuando la identificación de la ciudad es relevante para la trama, la aparición de iconos urbanos que conduzcan al espectador hacia la pista de su ubicación resulta acertada. Sin embargo en el caso de los géneros fantásticos y de ciencia ficción, la introducción de una ilusión de evolución urbana o bien la localización de un entorno inventado, hace que esto resulte contraproducente.
Parece más efectivo absorber la atmosfera de una urbe en concreto, siendo habitual en estos casos que se despeje la incógnita de manera inmediata, bien a través de un subtítulo bien con una voz en off que nos informe del lugar y fecha de los acontecimientos que van a ser narrados.
En este sentido resulta sorprendente la tendencia que se observa en las películas del género, a recurrir a ambientaciones de urbes asiáticas. Podemos afirmar que al igual que en otros aspectos, en los últimos tiempos la mirada se ha trasladado de EE.UU. hacia Asia.
Como admiradora de Blade Runner (1982, del director británico Ridley Scott, resulta imposible obviar esta referencia, convertida en película de culto y paradigma de las películas de género fantástico.


Imagen del edificio de la Tyrell Corporation, extraído de la película Blade Runner (1982), de Ridley Scott.
Su argumento, al igual que el de muchas otras, muestra un futuro terrestre de recursos agotados del que es preciso emigrar. La idea no es otra que la del nuevo mundo, necesitado de sangre fresca frente al panorama caduco y desolador que queda en el viejo mundo, un mundo devastado y sin expectativas. En este panorama, las vidas de cinco replicantes y de su cazador resultan anecdóticas en comparación con la impactante estética del filme.
La ciudad de Blade Runner que no es otra que Los Ángeles en 2019, presenta una “realidad en sí misma”, con torres de petróleo llameantes, colosales zigurats que contienen viviendas y oficinas, por los que fluyen centenares de personas. En este contexto, una ciudad tan emblemática de la costa oeste americana, es contaminada mediante alegorías e imágenes publicitarias de claros referentes orientales, mostrando una suerte de mestizaje.
Los guiños al mundo publicitario, símbolo inequívoco de la preocupación que despertaba la irrefrenable vorágine consumista de los “tigres de oriente”, pasó de ser un mero atrezzo a convertirse en todo un símbolo, en definitiva, una nueva forma de expresión artística sobre el soporte de la arquitectura. 
Imagen ambiental de la ciudad de Los Ángeles, extraído de la película Blade Runner (1982), de Ridley Scott.
El clima requerido para el filme, dependía en gran parte del ambiente exterior que los envolvía. Scott puso especial cuidado en transformar no solo los espacios interiores, -ya que inicialmente la película iba a ser íntegramente rodada en interiores como si una pieza de teatro se tratara-, sino también los exteriores. La planificación de rodaje y los decorados iniciales se modificaron radicalmente a raíz de que el director se formuló la siguiente pregunta: “¿Qué es lo que pasa fuera de las ventanas?”[1]
La ambientación de los edificios de viviendas elegidos para las tomas discurría de la mano de una transformación integral de la metrópolis de Los Ángeles que, a partir de ese instante, dejaría de ser la ciudad del sol y de las palmeras para convertirse en la oscuridad contaminada por los neones de los anuncios luminosos al más puro estilo Hong Kong o Tokio, de la urbe 40 años adelante, más verosímil del momento.
Imagen de la tienda de gafas Eye works de Los Ángeles, extraída de la película Blade Runner, 1981 del director Ridley Scott.


Lo más exitoso de la propuesta que hace Scott de “la ciudad ficticia” radica en arrancar de un referente conocido al tomar la ciudad existente como punto de partida. Y aunque es evidente que parte de las escenografías que aparecen en el filme toman referencias de obras anteriores del cine fantástico como Metropolis (1926) de Fritz Lang o Things to Come (1936) de William Cameron Menzies, para Scott el modo de abordar el tema de la ciudad futura por parte de estos directores como “un lugar nuevo” constituye un error, una falacia a la que el director se ha referido como “el síndrome de la cremallera diagonal y del pelo plateado”.[2]

Imagen ambiental de la ciudad, extraído de la película Things to Come (1936) de William Cameron Menzies

Si analizamos las ambientaciones futuristas de las últimas cintas, observamos como los rascacielos ya nos son americanos, son asiáticos y las ambientaciones distópicas ambientadas en las zonas desérticas del sur de los EE.UU. se ha reemplazado por fantasías de hacinamiento que se asemejan a zonas de Hong Kong.
La ambientación urbana de Ghost in the Shel (2017), presenta gran similitud con la empleada en la versión de Len Wiseman de Total Recall (2012), en la que una guerra química devasta el mundo, dividiéndolo en dos bloques separados ubicados en polos opuestos del globo. Esta distopía social, ambientada en 2084 sitúa la poca tierra habitable restante en dos territorios: la Federación Unida Británica (FUB) y la Colonia, que aunque supuestamente se sitúa en Australia, su ambiente nos recuerda a los barrios más concurridos de Hong Kong.

Imagen ambiental de la colonia, extraída de la película Total Recall (2012), de Len Wiseman

Como he mencionado antes, reconozco algunas callejuelas de esta ciudad en la película dirigida por Rupert Sanders, Ghost in the Shell (2017).
Basada en un manga de ciencia ficción creado por Masamune Shirow, Ghost in the Shell narra la historia de la mayor Motoko Kusanagi, una humana transformada en ciborg a cargo de las operaciones encubiertas de la “Sección 9”, especializada en crímenes tecnológicos.
Ambientada en un futuro próximo, la película presenta una ambientación urbana en la que la ciudad aparece invadida por imágenes holográficas y proyectadas de gran belleza, que se superponen a una arquitectura supuestamente impersonal.


 Imágenes ambientales de la ciudad, extraído de la película Ghost in the Shell (2017) de Rupert Sanders
Al igual que en Blade Runner, los interiores de cuidada estética oriental, contrastan con exteriores abigarrados, realistas y sucios, sobre los que se superpone toda una imaginería publicitaria que lo contextualiza. En esta atmósfera se resaltan algunos de los signos de identidad de las urbes asiáticas en los que conviven tradición con modernidad, espacio y densidad, lujo y ruina. Contradicciones que han reorientado la visión de muchos arquitectos, como la del propio Rem Koolhaas que ya se centró en oriente a finales del siglo XX.

Por mucho que nos fascinen, estas contradicciones son más fáciles de gestionar en los espacios imaginarios del cine que en la realidad. El propio Koolhaas declara:
“Son más bien los sistemas y las técnicas abiertas en el cine, y sobre todo, las de montaje, las que han jugado un papel clave. Hay siempre en arquitectura una voluntad de continuidad mientras que, por el contrario, el cine está fundado en un sistema de rupturas sistemáticas e inteligentes. Mi afinidad con este sistema de la ruptura más que con el imaginario de la continuidad es lo que constituye lo esencial de mi vinculación con el cine.”
La belleza de muchas de estas ambientaciones redunda en una idea de densidad, un abigarramiento espacial que nos resulta exótico. La idea de hiperdensidad que destilan muchas urbes asiáticas choca con el urbanismo europeo, cuyo crecimiento está regulado. Pero aunque su magnetismo parezca real, viene influido por nuestro subconsciente consumidor de manga y de imágenes cinematográficas. Imágenes superpuestas que construyen una idea romántica de la urbe abarrotada, tal como en el pasado se impuso la visión idílica de Nueva York.
No es real, pero es preciosa.

 









[1] Frayling, Christopher. Entrevista con Hampton Fancher para el programa de la BBC Radio Four Print the Legend, publicado en  Blade Runner. Spellbound: Art and Film, pág. 117. Londres 1996.

[2] Scott, Ridley. Comentarios acerca de Blade Runner- design and photography, en American Cinematographer, Pág. 684-693, 715-732. Julio 1982.

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