13 sept. 2011

UNA CASA Y UN PERSONAJE: LA CASA MALAPARTE

Bien saben los estudiantes de arquitectura que la capacidad de contemplar ciertas arquitecturas domésticas fuera de un contexto fotográfico impreso, se encuentra dificultado por la privacidad de su uso.
En ese sentido, el cine nos brinda como espectadores la capacidad de vivir a través de la pantalla, algunas obras maestras de la arquitectura doméstica, corriendo el riesgo de que pueda ser adulterada en aras de la trama. 
Este no es el caso de una pieza única de Adalberto Libera, que tanto por su arquitectura como por su localización, nos es mostrada sin necesidad de ser adulterada por encuadres ni montajes. Aprovechando la rigidez que impone la artificialidad programática de lo moderno, contrastado con la fuerza natural de los acantilados de Punta Massulo en Capri, encontramos una casa simplemente localizada y filmada para dar servicio al hilo argumental de una gran película, La Pelle (La piel, 1981).

Carátula de la película La Pelle (La Piel) de Liliana Cavni, 1981
En esta producción franco-italiana dirigida por Liliana Cavani, el protagonista, un alto mando de la Italia liberada, hace de anfitrión en su villa para lo más selecto del Estado Mayor americano destacado en la zona de Nápoles. 
La casa juega un importante papel en la película como un escenario cargado de significado en relación con el personaje al que pertenece, además de cómo centro neurálgico en torno al cual se desarrolla la acción. Resulta muy conveniente que el protagonista, el Capitán Curzio Malaparte interpretado por Marcelo Mastroiani, adopte el mismo nombre que el cliente original que encargó a Adalberto Libera la casa en los años anteriores a la guerra. El director artístico de la película, Dante Ferretti, recrea a la perfección en los alrededores de Nápoles y Capri, el ambiente de la Italia post-fascista y reserva la casa Malaparte para adjetivar a un personaje culto y refinado desde cuyos ojos el espectador contempla un hermoso país devastado por el hambre y el pillaje.
Plano de planta baja de la Casa Malaparte. Punta Massulo, Capri. Italia, del arquitecto italiano Adalberto Libera, (1940)

En escenas tomadas desde el interior de la casa, el espectador contempla el desarrollo de las conversaciones y de los sucesos clave de la trama, en los que la directora nos muestra lo complicado de las relaciones que mantiene el protagonista con cada uno de los personajes. Al potenciar más la visión desde el interior de la misma que desde el exterior, la magnificencia del conjunto es apreciada con la limitación que impone la visión a través de huecos de ventana.
Y eso resulta bastante sorprendente ya que la fuerza geométrica de la gran escalinata de la cubierta de la casa permanece casi inexplotada, mostrando tan solo parte de la misma en alguna escena rodada en las proximidades de su fachada más interior.
Las tomas, realizadas siempre desde el salón, muestran un impresionante paisaje enmarcado por grandes ventanales cuadrados, donde quizá lo más significativo sea el áureo interior, austeramente decorado, en hermosos tonos claros. Desde éste, se observa que a pesar de que la casa sobresale dramáticamente sobre el montículo que deja el acantilado, naciendo de entre las rocas sin necesidad de basa, la sensación que se percibe al mirar a través de esos enormes ventanales cuadrados que comienzan a la altura de las rodillas, es la de circular por un interior excavado en la roca, casi como si de una gruta desde la que se divisa un horizonte marino se tratara, recordando de forma subliminal a una caverna, para cuya similitud, el enlosado del suelo ayuda.

Escena en el interior de la casa Malaparte, extraída de la película La Piel (1981) de Liliana Cavani.
 
El espectador no pasa por alto la circunstancia de que la casa constituye un valor añadido a las propias virtudes del personaje. Durante la película se alaba con frecuencia, en el contexto del guión, la “maravillosa villa” que posee el Capitán en Capri, circunstancia por la que su opinión es tenida en cuenta a pesar de ser italiano. La directora juega con el espectador al tratar con ambigüedad en este supuesto drama histórico la verdadera condición del personaje de Malaparte, una figura lo suficientemente conocida en Italia, narrando hechos reales adornados con circunstancias de ficción.
En una de las escenas, uno de los personajes, la aviadora americana Mrs White le pregunta sobre su profesión antes de la guerra, cuestión que el protagonista esquiva respondiendo: “Hace tanto, que ya ni me acuerdo”. Pero los equívocos entre el personaje interpretado por Mastroiani, la casa y el auténtico Curzio Malaparte, no acaban ahí. En la única escena en la que se ve parte del exterior de la villa de Capri, Malaparte y Mrs White pasean por la terraza mientras charlan y el contraste entre los muros de la casa, pintados de un fuerte marrón rojizo, y la escalinata continua que le sirve de cubierta acabada en piedra de tonos beige, sirve de fondo colorista a unos personajes que en breves instantes pasarán a un interior más neutro, blanquecino, en donde la conversación subirá de tono. Ya en el salón, ella pregunta: “¿La compró ya construida o la diseñó usted?” A lo que Malaparte contesta: “La casa la compré ya hecha, el panorama lo diseñé yo.”

Escena en el exterior de la casa Malaparte, extraída de la película La Piel (1981) de Liliana Cavani.
Con esta respuesta, la verdad es omitida. El auténtico Malaparte encargó a Libera los bocetos de una vivienda que llamó “una casa como yo” y que fue construida según el desarrollo que el constructor Amitrano y el propio Malaparte dieron al proyecto original de Libera. Pero aunque el Malaparte de ficción nos pudiera confundir con una zalamería dedicada a una mujer hermosa, sabemos que el auténtico Malaparte apenas conservó la casa como tal, pues al poco tiempo la donó como sede para la República Popular de China, convirtiéndose más adelante en una fundación que albergaba diversas exposiciones.
Pero sin duda, una de las cosas más destacables de la película en lo referente al tema que nos concierne, no es sólo la aparición de una obra doméstica de tanta representatividad mostrada tal cual sin ninguna operación de transformación, sino el tratamiento que de ella se hace en el filme, ya que ésta es una arquitectura valorada en su conjunto, y no simplemente por su situación en un entorno privilegiado. Es un equilibrio entre ambas disciplinas, ya que en este caso la arquitectura no ha precisado de la intervención del cineasta para encontrar la conjunción entre una excelente calidad espacial y el dramatismo de unas formas naturales abrumadoras, sin esconder a su vez la singularidad de la obra. El cine es aquí simplemente el testigo que observa como un entorno como ese merece ser rubricado con una obra tan excepcional, y una vez visto, se lo cuenta al mundo.



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